Todos los procesos vitales del reino natural, del mundo vegetal, del animal y del ser humano se desarrollan en estrecha relación con los ritmos cósmicos. Al hombre actual le resulta difícil reconocer esto. 
¿Cómo no evitar la discusión y la duda cuando se habla de la influencia de las estrellas en el crecimiento de las plantas?
«¡Cómo!, ¿que lo que sucede allá tan arriba tiene influencia aquí abajo? ¡No lo creo!»
Esta negación, oída con frecuencia, demuestra que todavía no se ha convertido en experiencia propia del ser humano el hecho de que la Tierra sea un astro que, por una parte, oscila en el ritmo de los planetas de nuestro sistema solar con un ritmo propio, pero que, por otro lado, en relación con el Sol y los demás planetas, se adapta a las necesidades de los seres vivos que en ella habitan, ya sea dirigiéndose hacia determinadas influencias cósmicas, ya sea rehuyéndolas.

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